Walter Simonson
Quizás haya sido el anuncio de que Brian Michael Bendis le ha pedido que dibuje unos números de sus Vengadores o simplemente que la memoria es caprichosa y te lleva adonde quiera que sus conexiones dicten. El caso es que me apetece hablar de Walter Simonson (Knoxville, Tennesse, 1946), un autor que paulatinamente había perdido el brillo y la fama que alcanzó con su etapa en “El poderoso Thor” (desde el número 337 USA de Noviembre del 83, hasta el 382 USA de Agosto del 87 en el guión, habiendo abandonado el dibujo en manos de Sal Buscema ya desde el 367 USA de Mayo del 86).
Incluso en algún momento de los 80`s pre-Watchmen, llegó a disputar el trono de mejor autor de superhéroes a gente como John Byrne o Frank Miller, pero coincidiendo con la eclosión Vértigo y el ascenso del fenómeno Image su figura se va desvaneciendo, a los problemas de gestión que sufrió en la editorial Malibu-Bravura dónde publicó una de sus series y que quedó inconclusa hasta que Dark Horse publicara el número final tiempo después, se unió la mala experiencia en el proyecto de los Vengadores Héroes Reborn y desde entonces sus obras se espacian cada vez más y ya últimamente se dedicaba a ilustrar tebeos basados en juegos de ordenador junto con su mujer Louise. Parafraseando a Tolkien, uno de sus autores de referencia, parece que su tiempo ha pasado y ya no espera más que la hora de embarcarse en las naves y abandonar la Tierra Media a los hombres.
En realidad resulta que antes de Thor yo ya era fan de Simonson, incluso sin ser consciente de ello. En 1979, y a instancias de su amigo John Workman, rotulista y a la sazón responsable de la revista Heavy Metal, realiza junto a Archie Goodwin, la adaptación de la película de Ridley Scott “Alien, el 8º pasajero”.
Caprichos del destino el recientemente fallecido Moebius, como no se han cansado de repetir en los artículos y reportajes que le han dedicado en diversos medios, participó en los diseños de producción de la película. Y la revista “Heavy Metal” era la versión norteamericana de la revista bandera del nuevo cómic europeo de los 70: “Metal Hurlant”, que fue creada por el propio Moebius junto con otros autores procedentes de Pilote. No es muy aventurado afirmar la influencia capital del cómic (de Moebius y Mezières principalmente) en el florecimiento del género de la ciencia ficción en el cine, cuyo máxima cima sería “Blade Runner”, por cierto masacrada por la crítica en su estreno.
El cómic es un gran tebeo, y una muy buena trasposición del film. Ritmo sostenido, muy buena caracterización de personajes, dominio de los códigos de la CF, un gran uso de los efectos de color y de las onomatopeyas e impactantes “splash pages”. Simonson mantenía una gran afinidad con AG, ya que habían trabajado juntos para DC en la serie Manhunter, un moderado éxito que impulsó su carrera de forma definitiva, y esta complicidad se nota en el resultado final.
Pero cuando tienes nueve años no piensas en eso, sólo estás pegado a la historia de ese terrible alienígena con un tembleque en el cuerpo tremendo. Y es que por los caprichosos azares que regían la vida de los niños que leíamos tebeos en esos finales de los setenta, mi madre nos había comprado ese tebeo junto con (lo supongo, porque no me acuerdo) algún Mortadelo. Sin embargo, ese tebeo que desgraciadamente ya no conservo, se quedó grabado para siempre en mi sugestionable mente infantil. Recuerdo el asombro ante la muerte de Dallas, el capitán que se suponía iba a ser el héroe de la historia, algo que te precipitaba en un territorio inexplorado y terrible, en el que los héroes podían morir y todo podía acabar mal. Hay que precisar que en esa época mi familia como muchas otras no se podía permitir ir al cine todas las semanas, sólo en ocasiones señaladas, principalmente en navidad y aunque hubieran podido nunca nos hubieran llevado a ver una película de terror decididamente destinada a los adultos, así que para mí Alien siempre estará asociado al cómic antes que al cine.
En 1983 y después de unos años de intensa preparación publica “Star Slammers” en la colección de novelas gráficas Marvel. También es una historia de ciencia-ficción, que recuerda poderosamente al “Dune” de Frank Herbert, principalmente por el componente mesiánico, aquí también aparece un pueblo elegido que debe superar múltiples pruebas para alcanzar un destino glorioso. Y también recoge las influencias de la space-opera más clásica, es decir de “Star Wars” y no es de extrañar, porque Simonson es, como ya hemos señalado, un gran aficionado que maneja con soltura muchas referencias del género. Con esta obra se consolida como un gran autor, que utiliza muy inteligentemente los flashbacks, destacando sobre todo por el uso de unos diálogos impactantes, que le ayudan a definir a los personajes con unas pocas pinceladas. Su dibujo es muy eficaz y adecuado a sus historias, con mucho dinamismo, muy potente y en el que sigue afinando junto con Workman, su rotulista de confianza, la utilización de onomatopeyas como un elemento central. Por encima del nivel general de la obra, excelente por otro lado, destaca su impactante comienzo (sobre todo para un adolescente) que ejemplifica en tres páginas la extraordinaria capacidad de Simonson para la puesta en escena y la construcción de una historia.
Inmediatamente después le asignan “The Mighty Thor”, otra colección en apuros que necesitaba impulso. Simonson rompe con todas las ataduras que lastraban el personaje y que habían convertido la serie en algo anodino y prescindible y en tan sólo un número presenta un nuevo escenario: adiós a Don Blake, y vuelta a las historias en las que Asgard constituye el eje central. Como todas las revoluciones que afectan a la continuidad, produjo reacciones airadas de los fans que sentían se estaba traicionando a su “personaje”, pero Simonson, impertérrito y guiado por su idea de lo que era el trabajo en la industria de los cómics, el cual concebía como un rato de jugar en la arena después de destruir los castillos de arena que habían construido los otros niños para así construir los tuyos, siguió con su plan.
Un aspecto fundamental de su etapa es la potenciación al máximo del aspecto coral de la serie. De repente, los angustias existenciales de Balder, las dudas de Sif, la conversión de Karnilla, las intrigas de Loki, nos importan tanto (o más en muchos casos) que las propias andanzas de Thor, el cual a cambio se reconstruye como un héroe épico tradicional que sirve de contrapunto al complejo tapiz de sentimientos desarrollado por Simonson a su alrededor. Mención especial merece Billy Rayos Beta, personaje creado especialmente para la serie y que Simonson utiliza como herramienta/espejo para la redefinición moral de Thor.
Dominador de una multitud de registros, la fuerza y el dinamismo de su estilo de dibujo ,tirando a feísta en una primera impresión, le facilita la creación de momentos genuinamente épicos al más puro estilo Kirby, destacando el final de la saga de Surtur. Pero también es capaz de introducir excelentes notas de humor, como ejemplo el famosísimo Thor-rana, o las tramas de enredo romántico entre varios de los personajes, que descargan la intensidad de la historia y que en muchos casos propician un magnífico desarrollo emocional de los personajes. Finalmente su recorrido acaba como empezó con una historia llena de épica, heroísmo, y sacrificio con el descenso a los infiernos y su lucha con la dios a de la muerte Hela
Después se encargaría de la nueva serie de los mutantes “Factor-X” junto con su mujer Louise, y de una etapa bastante fructífera en los 4 Fantásticos que los aficionados recuerdan con mucho agrado y que renovaba esos ecos de ciencia-ficción tan queridos, pero desde luego no alcanzaron la maestría y la emoción de sus obras anteriores.

